Antonio Núñez Jiménez: Científico y Revolucionario

por Víctor Falcón Huayta

No voy a intentar una semblanza original sobre Antonio Núñez Jiménez. Sólo deseo recordar a este hombre de ciencia y revolucionario a diez años de su fallecimiento, y, así, imaginar lo que hubiera significado conocerlo personalmente. No obstante, su obra plasmada en numerosos libros e innumerables artículos puede verse en la fundación que creara y que lleva su nombre en la ciudad de La Habana, Cuba. Donde me llevó una reacción cuasi instintiva al trasnochado bloqueo económico que mantienen inercialmente sucesivos gobiernos –mas no el pueblo– de los Estados Unidos de Norteamérica en contra de la libertad y el bienestar del pueblo cubano.


Antonio Núñez Jiménez, recorrió palmo a palmo, mochila al hombro, su hermoso país.

Haremos cortas referencias generales de su intensa vida en relación al Perú, su geografía, historia y arqueología. Lo que presento no es sino un pequeño collage de un “redescubierto” Núñez Jiménez pues, cuando era estudiante, lo conocí a través de una inusual y sorprendente obra sobre representaciones rupestres que, hasta entonces, eran consideradas “marginales”, pues la comunidad arqueológica extranjera y local se ocupaba en proponer estilos cerámicos, construir cronologías y de escudriñar y descender en la antigüedad de los monumentos. Afortunadamente, ahora nuestros intereses académicos están incluyendo cada vez más a los testimonios rupestres para reconstruir el proceso social andino precolonial.


Antonio Núñez Jiménez y Ernesto Che Guevara en el triunfo de la revolución cubana (Foto en Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre).

En el caso de los países caribeños las representaciones rupestres están siendo consideradas para una nominación transnacional en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO (Sanz, 2008). Acotando aún más, los petroglifos y pictografías que existen en territorios insulares del Caribe como Cuba, República Dominicana, Haití, etc. y países de las Antillas Menores constituyen los escenarios precolombinos más impresionantes de esa región, siendo frecuentemente una combinación de formaciones geológicas naturales (cavernas) y expresiones culturales nativas.


Antonio Núñez Jiménez en Checta, localidad con petroglifos del valle del río Chillón, Lima. Fotografiado por su compañera de siempre Lupe Velis.

Este prolífico geógrafo, espeleólogo, arqueólogo y revolucionario cubano nace en Alquízar, provincia de La Habana el 20 de abril de 1923 y fallece en la ciudad de La Habana el 13 de septiembre de 1998. Comienza sus actividades exploratorias y científicas desde muy joven. Recibe el diploma de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana (1952) y el de Doctor en Ciencias Geográficas en la Universidad de Lomonosov en Moscú (1960). Participa activamente desde el inicio de la revolución cubana, alcanzando el grado de Capitán del Ejército Rebelde, Columna 8 “Ciro Redondo”, bajo las órdenes del Comandante Ernesto Che Guevara. Con el triunfo revolucionario asume diversos encargos, como Director del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), presidente del Banco Nacional, Presidente de la Academia de Ciencias, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Cuba en el Perú (1972-1977) y Viceministro de Cultura.


Orden del Sol del Perú otorgada por Alan García Pérez (30 de mayo de 1986) a Antonio Núñez Jiménez (Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre).

Especializado en el registro y estudio del arte rupestre de las Antillas y durante su desempeño como embajador en el Perú, desarrolla uno de los proyectos más ambiciosos de su tipo al emprender el catastro y registro de setenta y dos localidades con petroglifos principalmente en la costa del país, lo cual se plasma en una de sus obras mayores “Petroglifos del Perú. Panorama Mundial del Arte Rupestre”, 1986 (4 Tomos). Aquí Antonio Núñez Jiménez dice: “Una de las razones que me impulsó más fuertemente a escribir este libro y a reproducir miles de petroglifos peruanos, fue la destrucción constante a que han sido sometidos estas importantísimas manifestaciones rupestres” (p. 42).

Creía que el Perú era un país maravilloso. Lo dijo un hombre que vio el mundo desde el Polo Norte hasta el Polo Sur y nos dio la consigna de defender nuestro patrimonio rupestre a toda costa. Durante el siglo XX, ningún diplomático extranjero en el Perú ha igualado este aporte científico y cultural al país, y creo que no erramos al decir que ningún diplomático peruano hizo semejante aporte cultural a cualquier país del mundo donde haya cumplido funciones. En reconocimiento de su valiosa contribución al conocimiento de la Nación el gobierno lo condecora con La Orden del Sol del Perú, una de las preseas más impresionantes de sus noventa y cinco condecoraciones.


Antonio Núñez Jiménez y Eloy Linares Málaga en Sarcas, Majes, Arequipa. Foto: Miguel González.

No mencionaremos la cantidad de diplomas que recibió, pero éstos quizás sean los testimonios que delinean mejor el perfil humano, académico e internacionalista de este hombre singular. Entre ellos se cuentan reconocimientos y doctorados de su país y el extranjero, aquellos que registran su membresía en “The National Geographic Society” (1984, 1995), “The National Speleological Society” (1993) y de “Miembro Fundador del Partido Comunista de Cuba”. No dejan de estar presentes algunos certificados “por haber cortado 1000 arrobas de caña en la Quinta Zafra del Pueblo” (1965), “por su trabajo voluntario en el quincena de Girón” (1976) y por “el rescate de tres espeleólogos atrapados en el río de la Cueva de los Perdidos” (1987). Pero también el de “Investigador Honorario del Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima” (1975), reconocimientos de las ciudades de Lima y Arequipa, así como recuerdos de promociones que apadrinó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Universidad Nacional de Trujillo y la de Huacho para, finalmente, ser considerado “Miembro de Honor del III Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina” (1977).

Quizás inspirado en los estudios rupestres realizados (Núñez Jiménez, 1985) entre 1987-88 dirige una flotilla de canoas en una travesía que partió de Misahuallí, a orillas del río Napo (Ecuador), y culminó en la Isla de San Salvador (Bahamas), recorriendo diez y siete mil cuatrocientos veinte y dos kilómetros por vías fluviales y marítimas, a través de veinte países latinoamericanos y demostrando que los amerindios precolombinos –con los conocimientos y recursos técnicos que poseían– podían vincular estas áreas geográficas y culturales antes de la llegada de los colonizadores europeos. Sobre su paso por el Perú el sacerdote católico Joaquín García escribió: “el mediodía del pasado día jueves, dos de abril, una treintena de hombres y mujeres llegaron hasta Iquitos después de haber navegado cara al Sol durante varias semanas… Su jefe: el investigador cubano Antonio Núñez Jiménez; sus tripulantes: gentes de Brasil, de Colombia, de Ecuador, de Perú, de Cuba; su meta: descubrir en amistad, por vía de la ciencia, la insondable riqueza que guarda en sus arcanos esta tierra verde…su bandera: la común, la de todos, la de la solidaridad latinoamericana, la que aireó Bolívar desde los llanos de Venezuela hasta las cumbres de Ayacucho. Lo que las armas ni antes ni ahora consiguieron lo han venido a lograr sencillos hombres de ciencia con amor, cuartillas, microscopios semilleros, herbarios, químicos y unos nobles ojos abiertos a la magia sin fin de nuestras realidades.”


Remeros y estandarte, creado por Oswaldo Guayasamín, de la expedición “En Canoa del Amazonas al Caribe” (1987-88) al mando de Antonio Núñez Jiménez.

El 16 de mayo de 1994 instituye la fundación que actualmente lleva su nombre y en la cual despliega intensa actividad hasta su fallecimiento. Actualmente, un gran retrato de nuestro precursor de la Independencia, Thupa Amaro, preside el hall de ingreso al local de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre y, junto con diplomas, reconocimientos y fotos de la intensa vida científica y política del fundador, se atesora y exhibe un documento firmado de puño y letra del héroe y mártir peruano.


Cuadro y firma de Thupa Amaro en ambientes de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre.

En el contexto de un bloqueo injusto e irracional, la escasez de recursos y las limitaciones propias de nuestras realidades latinoamericanas, Cuba demuestra que no constituyen obstáculos para realizar eventos científicos como el III Taller Internacional de Arte Rupestre (2008) que me permitió acercarme un poco a este aislado –en sentido doblemente expresado y doblemente roto– pueblo hermano, que tanto se solidariza con nuestros países en situaciones de catástrofes, pero también científicas como lo ha demostrado especialmente con el Perú uno de sus hijos más nobles, que siguiendo la consigna de su Comandante, le puso tantas veces cerco a la muerte.

Lima, noviembre de 2008

Bibliografía consultada

Hecheverría Israel, Luisa Fernández Molina y Roxana Villalba Rojas.
1998 Antonio Núñez Jiménez. Opiniones sobre su obra. La Habana.
1997 Núñez Jiménez. Bío-Bibliografía. La Habana.
Núñez Jiménez, Antonio.
1993 En Canoa del Amazonas al Caribe. Prólogo de Gabriel García Márquez. Fondo de Cultura Económica.
1986 Petroglifos del Perú. Panorama Mundial del Arte Rupestre. UNESCO. 4 tomos. La Habana.
1985 El Arte Rupestre Cubano y su Comparación con el de otras Áreas de América. Primer Simposium Mundial de Arte Rupestre. UNESCO. La Habana.
Sanz, Nuria (Ed.).
2008 Arte Rupestre en el Caribe. Hacia una nominación transnacional seriada a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Edición en francés, inglés y castellano. World Heritage Centre, UNESCO.

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