Reconstrucción del entierro-ofrenda de Punkurí. Valle de Nepeña, costa norcentral del Perú

por: Victor Falcón Huayta

En 1933 Julio C. Tello inició una campaña de campo en el valle de Nepeña. Ahí realizó varios proyectos, entre ellos, excavaciones en un sitio denominado por los lugareños como "Punguri" y por los arqueólogos y público en general como Punkurí. En ese entonces, Tello estaba interesado en todo aquello que se relaciona con su concepto de Chavín. Actualmente, los registros de campo de los trabajos de campo de Tello están divididos entre el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) y el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (MAA-UNMSM). Los documentos inéditos correspondientes a las excavaciones de Tello en Cerro Blanco y Punkurí fueron recientemente publicados por el MAA-UNMSM (Tello 2005).

En el curso de investigaciones sobre el rol de los grandes moluscos exóticos Spondylus princeps, Strombus galeatus, Conus fergusoni, Fasciolaria princeps, entre otros, en el ritual y la parafernalia de las sociedades precolombinas en los Andes Centrales, encontramos una "trompeta natural" elaborada de la concha del gasterópodo marino Strombus galeatus (Falcón et al. 2005). Luego, establecimos que pertenecía al contexto funerario de una "mujer sacrificada" encontrada por Tello en Punkurí quien, entusiastamente, la declaró como "the first trace of the people of the Chavín culture identified in the area" "el primer hallazgo de las gentes de la cultura Chavín, identificado en el terreno" (Anónimo 1933b en Daggett 1987:139]).1

Este artículo analizará las circunstancias del hallazgo de este contexto funerario y los objetos asociados. El objetivo es la reconstrucción del evento al que perteneció esta trompeta precolombina de concha o huayllaquepa, la cual es, al presente, el único objeto conocido que queda del contexto excavado por Tello en este lugar.2

Punkurí

Punkurí, como lo escribiera Tello, se encuentra sobre la margen derecha del valle bajo del río Nepeña, a la altura del Km 409 de la carretera Panamericana Norte, en donde se toma un desvío en dirección al este, hacia el pueblo de San Jacinto. Su distancia del litoral es de 27 Km y el lugar en donde se ubica alcanza la cota de 230 m.s.n.m. (Daggett 1987:114,115; Vega Centeno 1999:5). Actualmente, el entorno del monumento luce como lo viera Julio C. Tello hace más de setenta años (Figura 1).


Figura 1. Mapa de ubicación de Punkurí.

Como muchas de las "huacas" en los valles de la costa peruana, Punkurí aparentaba ser un promontorio de tierra enclavado en medio de los campos de caña de azúcar, perteneciente a la "Sociedad Agrícola Nepeña Ltda." administrada por el norteamericano John B. Harrison, quien había excavado en el lugar en 1929 (Daggett 1987: 112). Harrison también había excavado en Cerro Blanco el año anterior, cuando en el transcurso de la apertura de canales de regadío y tendido de vías para vagones develó sus conocidos murales chavinoides. Fueron las fotos de estos murales las que interesaron a Tello en conocer de cerca los sitios del valle de Nepeña (Bischof 1997: 203; Daggett 1987: 111, 112).

Por la reciente publicación de las notas de campo de Tello ahora sabemos que Punkurí fue objeto de por lo menos dos excavaciones clandestinas. La primera de ellas fue ejecutada por otro administrador de hacienda llamado Subiriá en su lado oeste "hace muchos años" y, la segunda, fue por Harrison (Tello 2005: 76) (Figura 2).


Figura 2. Punkurí, fachada norte del monumento en la actualidad (Foto: Victor Falcón Huayta).

Los trabajos de Tello en el lugar atrajeron la atención de la prensa. Sin embargo, pasadas las noticias y la emoción del momento Punkurí no fue objeto de mayor interés y se perdió la continuidad de su investigación debido a rencillas políticas del gobierno de turno contra Tello (Daggett 2007: 81, 83, 84; 87-91). No se tomaron medidas para su conservación al punto que se destruyó el rostro de la singular escultura del felino policromo de barro, único en su género en todos los Andes (Bischof 1994: 173; Samaniego 2006: 18, 22, 23; Vega Centeno 1999: 7,12). Afortunadamente, en 1998, un proyecto de investigación y restauración en Punkurí, a cargo de Lorenzo Samaniego Román, ha cambiado la suerte de este monumento acondicionándolo para recibir visitantes.3

Reconstrucción del Entierro-Ofrenda de Punkurí

En este artículo considero al entierro-ofrenda en su contexto funerario, que se caracteriza por su estatus de contexto primario, su articulación con la arquitectura del monumento y su composición y objetos asociados, la mayoría de ellos elaborados y exóticos en relación al lugar del hallazgo.

Hasta hace poco, la ausencia de mayores referencias sobre los trabajos de Tello en Punkurí hacía que los investigadores recurrieran a las noticias en los periódicos de entonces, a la discusión de la poca iconografía publicada y a las visitas al sitio (Bischof 1994,1995; Daggett 1987; Proulx 1973; Vega Centeno 1998,1999). En relación al hallazgo y descripción del contenido del entierro-ofrenda, sólo se disponía de breves referencias (Anónimo 1933b en Daggett 1987: 139, 1943. Tello 1943: 136, 137), algunos dibujos de los perfiles de las excavaciones en el templo y una foto que mostraba el contexto funerario al pie del felino de barro (Larco 2001: 15-29. Figura 24). En este artículo reconstruiré los eventos relacionados a la excavación del entierro-ofrenda, principalmente como fue narrado por los recientemente publicados documentos del Archivo Tello.4

Hay información detallada acerca de la forma en que Tello llegó a trabajar en el valle de Nepeña (Bischof 1997; Daggett 1987:112). De acuerdo con las notas de campo, cuando Tello decide excavar delante del felino de barro, ya se había practicado una excavación previa en esta zona por parte de los obreros de Harrison, quien había empezado a excavar en la "waka" desde la parte superior hacia el norte, abriendo una profunda trinchera. Encontraron lo que Tello llamó después la "escalera pintada" y el felino de barro que se ubicaba en medio de ésta (Tello 2005: 76. Foto /P9/F2/ 56 en p. 78). El hallazgo del felino entusiasmó tanto a Harrison y sus trabajadores que éstos estuvieron a punto de destrozar la cabeza del ídolo ante la sospecha de que contenía el tesoro que buscaban.

Afortunadamente, Harrison no hizo caso de la sugerencia y decidió llamar a Tello (Ibíd). Continuando con su búsqueda, Harrison descubrió un pequeño ambiente cuadrangular en la cima del monumento y decidió excavar casi todo su piso hasta una profundidad de 4 m desde la superficie inicial. Se detuvo en este punto ante la resistencia del relleno y lo infructuoso del resultado (Ibíd.:80,81). En las mismas circunstancias, Harrison mandó excavar delante del ídolo de barro hasta la profundidad de un metro, en donde se detuvo la perforación por lo compacto del relleno (Ibíd.:90).

Cuatro años después, el martes 19 de septiembre de 1933, los trabajadores de Tello ya habían limpiado otra vez los escombros dejados por Harrison en la parte de la escalera pintada, el felino de barro y delante de éste. Entonces, Tello decide excavar allí pues piensa que el "cateo" de Harrison fue superficial y que ahondándolo podía encontrar "algunos cadáveres" por la presencia del ídolo cerca. Un punto importante es que Tello dice que Harrison "rompió el enlucido del piso" que estaba compuesto por una "Torta formada aparentemente por cal y arena o tal vez por una arcilla especial blanquizca y arena que forma una capa como de cuatro centímetros de grueso colocada sobre otra superficie pintada de ladrillo" (Ibíd.).5 Al día siguiente, Tello despejó mejor la zona y confirmó que la tierra había sido previamente removida. Sin embargo, decide bajar "por lo menos unos 2 m de profundidad con el fin de conocer la estructura de la huaca" (Ibíd.).6 En este punto la Plataforma 2 ya estaba bastante limpia.

Durante esta operación Tello descubrió una pared inferior enlucida y pintada, distinta de la estructura de la escalinata y decidió seguirla. Estaba seguro de haber realizado un hallazgo interesante y agranda su área de excavación a 3.5 m de largo por 2.5 m de ancho, ordenando a sus trabajadores profundizar "hasta alcanzar el muro pintado" (Ibíd.).

Al día siguiente, cuando el área estuvo despejada y a una profundidad de un metro, Tello ordenó detener los trabajos. Bajó a examinar la excavación para decidir si continuaba profundizando sólo cerca del muro pintado que "había descubierto como a 30 centímetros por debajo y un poco atrás del último peldaño de la escalera pintada" (Ibíd.).7 Con su lampa retira un terrón y se sorprende al notar un borde de lo que parecía ser una "taza" que examinó reservadamente produciéndole la "sensación de piedra o de fierro" (Ibíd.:91). Había dado con un mortero lítico que no desenterró inmediatamente, pues dice Tello "no seguro aún de la clase de objeto que había encontrado lo cubrí con tierra me paré sobre el sitio y ordené a los obreros que continuaran trabajando a mi alrededor…".8 Continuaron descendiendo en los costados mientras él permanecía sobre el mortero, cuando uno de ellos le avisó sobre la presencia de un objeto "en forma de barreno". Tello cubrió el nuevo hallazgo y prosiguió la jornada de trabajo. El hecho que los trabajadores hablaran en quechua levantó su suspicacia. Tello indicó que cubrieran nuevamente con algo de tierra los hallazgos del día y nombró a un nuevo guardián para que se quedara a dormir en el lugar, resguardando los objetos hasta el día siguiente. Por la tarde llegaron a Punkurí el administrador de la hacienda y su esposa. Tello les narró los acontecimientos y les invitó, para el día siguiente, a presenciar la extracción de los objetos líticos incluyendo un "vaso grande de piedra con grabados al estilo Chavín y otra que es una herramienta semejante a una porra también toda de piedra" (Ibíd.).9

En un recuento de los hechos de ese día Tello dice haber eliminado un muro que corría longitudinal a la plataforma y que contenía sus rellenos. Asimismo, indicó que "durante la excavación que condujo al hallazgo de las dos piezas de piedra se encontró hacia la parte media y posterior del pozo un montón de ceniza y pequeños fragmentos de carbón y a uno y otro lado esqueletos de cuyes y una especie de plumilla blanca en varios sitios" (Ibíd.:92).10 Otros objetos de cobre y huesos humanos, al parecer disturbados, fueron ubicados "en el desmonte".

El jueves 21 de septiembre, Tello amplió y limpió su excavación con el objeto de fotografiar los dos objetos in situ, encontrando varios fragmentos de murales violáceos de barro. Nuevamente comprobó la superficie preparada de la plataforma y los rellenos de "capas de adobes semiesféricos aplanados o achatados y barro endurecido con algunas piedras" (Ibíd.:93).11 Hasta aquí señalamos la ausencia de referencias a la presencia de cerámica en el relleno. Esta situación se mantendría a lo largo de la excavación y resulta muy importante porque entraría en contradicción con las informaciones que aparecerían luego en los periódicos de la época.

Continúo siguiendo los eventos desde la perspectiva de Tello: "Como a 1.20 m de la línea que en la parte superior del pozo forma la base del primer peldaño de la escalera pintada como se ve en el esquema adjunto se encontraron... Un precioso mortero de piedra gris con ornamentaciones en relieve en su cara externa y un largo moledor igualmente de piedra" (Ibíd.).12 Harrison tomó fotografías y filmó el hallazgo. Para entonces Tello intuía que había dado con su primera tumba "auténticamente Chavín". Los eventos sucesivos confirmaron su intuición de estar cerca al cuerpo del entierro. Continuando, notó la presencia de "un polvillo muy fino de color violáceo y de algunos trozos de carbón de palo... Pronto descubrí [dice Tello] el cráneo y por su posición deduje que el cadáver estuvo echado pues la cara estaba hacia arriba con una ligera inclinación adelante" (Ibíd.:94).13

Los frágiles huesos del cadáver definían la posición del cuerpo con la cabeza hacia el este y los pies al oeste. El polvillo violáceo se concentraba principalmente alrededor de la cintura y la pelvis del individuo. Tello atribuyó su presencia a los restos de las "partes blandas" y tejidos del cadáver. En este momento Tello -como lo hace después en compañía de Rafael Larco Hoyle- recoge "numerosas cuentas de turquesas y de una piedra azulada... Las cuentas eran de diferentes tamaños, y de varias formas, el trabajo es relativamente tosco en la mayoría de las cuentas; sin embargo, unas están muy bien talladas principalmente una grande esférica" (Ibíd.).14 Hay que señalar que, hasta aquí, Tello no menciona en sus notas de campo la presencia de varios objetos asociados al entierro-ofrenda como la huayllaquepa de Strombus galeatus y las valvas de Spondylus princeps sobre los que volveremos después.

Los objetos encontrados fueron trasladados al cercano pueblo de San José. El viernes 22, el equipo de Tello prosiguió con la excavación del relleno que contenía el contexto funerario hasta llegar al piso sobre el cual había sido colocado el cadáver. Asimismo, se continuó con la limpieza del lado norte o fachada principal del templo y el lado este. Durante estas faenas se encontraron entre los escombros superficiales algunos cadáveres aislados, tiestos Moche y construcciones de adobes rectangulares. Este aspecto es interesante, pues son las referencias características en donde se menciona la presencia de restos humanos, entre los cuales se encuentran cráneos sueltos. La presencia de otro tipo de cerámica sólo es referida en una noticia periodística del 28 de septiembre, la cual no fue escrita ni narrada por Tello, en donde se mencionan "fragmentos de cerámica negra" (Anónimo 1933a en Daggett 1987:137). Cuando Tello refiere la presencia de cerámica en Punkurí en un reportaje periodístico lo hace del siguiente modo: "Hallé también fragmentos de cerámica que acusan pertenecer a modelos y piezas de los más finos que se han encontrado" (Ibíd.:136).15 Como hemos visto, pueden referirse a la presencia de la cerámica Moche que se encontraba entre los desmontes que cubrían Punkurí. El sábado 23 se dedican a despejar las dos columnas que aparecieron hacia el lado este del templo y a despejar casi por completo la fachada principal (norte) (Figura 3).


Figura 3. Trabajos de limpieza en las plataformas 2 y 3 de la fachada norte de Punkurí. Nótese la escalera central de acceso a la plataforma 2 (Foto: Archivo Tello del MNAAHP, Negativo N° 109).

De acuerdo con los registros disponibles el cuerpo no es tocado y la limpieza se limitó a despejar una hornacina al pie del ídolo. Al final de la jornada llegó a Punkurí Toribio Mejía Xesspe y su esposa procedentes de Lima. El domingo 24, Punkurí recibió la visita de varias personalidades que tomaron parte de la extracción del individuo del entierro-ofrenda. Entre estos estaban Rafael y Javier Larco Hoyle, Alfredo Hoyle, un señor Miñano, un fotógrafo y el dibujante señor Díaz. Se registran vistas fotográficas del contexto y se filma. Rafael Larco Hoyle y Julio C. Tello se dedican a trabajar sobre el cuerpo del entierro-ofrenda, y Tello declara lo siguiente: "Parece que el cadáver correspondiera a un individuo de constitución pobre y al ser acostado se le colocó probablemente con los muslos y piernas flexionadas. Alrededor del cadáver y principalmente alrededor de la cintura encontré multitud de cuentas de turquesas y algunas cuentas cilíndricas de color morado, de láminas triangulares con bordes cerrados [sic] o espinosos que parecen dientes de tiburón. Además se encontró un buen lote de cuentas de conchas y un magnífico ejemplar de Strombus que presenta la superficie externa labrada también del estilo Chavín" (Ibíd.:94).16

Esta es la primera mención a la huayllaquepa de Strombus galeatus, no obstante que seguramente fue visible desde el día en que retiraron los objetos líticos pues se ubicaba entre éstos y el cuerpo del individuo. El Strombus estaba fracturado en varias partes sea por el peso de los rellenos o por la manipulación del momento de modo que Tello sólo percibió incisiones que le insinuaron su filiación "Chavín". No se distinguió la mano izquierda delineada sobre el último giro de la conchilla de la huayllaquepa por lo que el motivo permaneció ignorado (Figura 4).17


Figura 4. Mano izquierda grabada en la cara dorsal de la huayllaquepa de Punkurí (Dibujo: Victor Falcón Huayta).

Toribio Mejía asume las anotaciones de las excavaciones al día siguiente, lunes 25 de septiembre, como aparece indicado en las notas del Archivo Tello del MAA-UNMSM. Ese día se terminaron de extraer los últimos elementos del contexto, añadiendo datos adicionales del evento. Mejía anotó que sesenta caracoles Scutalus proteus aparecieron "a los lados y hombro del cadáver; buena cantidad de turquesas de conchas, dos ejemplares de Spondylus pictorum con dos pares de perforaciones como para llevar colgados. Se constató la presencia de tierra muy fina pulverizada de aspecto algo violáceo alrededor y debajo del cadáver como si se tratara de restos de las partes tal vez correspondientes a los vestidos, algunos otros objetos que quizás acompañaron al cadáver" (Mejía en Tello 2005:97).18 Al tener limpia el área, notaron que el individuo había sido colocado sobre una plataforma inferior y que incluso el dorso del cadáver había hecho una pequeña depresión en ésta.

Posteriormente, los trabajos se dirigieron a despejar los muros con relieves policromos que se encontraban en ambos lados del entierro-ofrenda. En esta circunstancia se detecta la presencia de lentes de ceniza y moluscos. Volvemos a recalcar que tampoco Mejía menciona la presencia de cerámica entre los rellenos, excepto cuando se refiere a "cerámica Muchik" de los escombros superiores. Por otra parte, se ha escrito y discutido la iconografía de estos relieves y se han publicado algunas fotos de ellos (Bischof 1994; Daggett 1987:116-117; Samaniego 1992), a las que se vienen a sumar las publicadas del archivo de Tello (2005).

Discusión

¿Cuál era la descripción más amplia que se tenía de este entierro-ofrenda antes de la publicación de las notas de campo?. En una entrevista periodística del 2 de octubre de 1933Tello menciona sus componentes en este contexto:

"Al realizarse un cateo delante de la pequeña plataforma donde descansaban las garras del ídolo, y sólo a dos metros de profundidad, se encontró un cadáver... estuvo echado en dirección E.O; junto a él se encontraron dos objetos de piedra: un gran vaso y una especie de porra, ambos ornamentados con figuras de relieve, del estilo Chavín... Alrededor del cadáver, y principalmente al nivel de la pelvis, se encontró como un kilo de cuentas de turquesas de diferentes formas y tamaños, desde la cuenta pequeña discoidal casi laminar, hasta la cuenta grande, esférica o cilíndrica y de peso de ocho a diez gramos. Se halló, además, una trompeta de caracol (strombus galeatus), cuya superficie aparece ornamentada con figuras escondidas [sic], también al estilo Chavín; sesenta ejemplares de caracol terrestre (scutalus proteus); un par de conchas (spondylus pictorum) y restos de esqueletos de kuyes y aves, muy fragmentados y en parte pulverizados." (Anónimo 1933b en Daggett, 1987:139).19 Ahora sabemos que existía toda una secuencia en la aparición y ubicación de los objetos asociados al entierro-ofrenda y podemos sacar algunas conclusiones importantes:

  1. Es improbable que el entierro-ofrenda haya tenido una entrada desde la superficie de la plataforma que se extendía al pie del felino. Si bien es cierto que Tello no vio la superficie original, asegura que Harrison la rompió en su búsqueda y encuentra restos de esta superficie al momento de ampliar su propia excavación. Además, resulta difícil pensar que si Harrison hubiera encontrado algún indicio de la presencia de una tumba no lo hubiera seguido, sin embargo, abandonó la excavación a sólo un metro de haberla comenzado. En consecuencia, lo más probable es que la tumba estuvo sellada y oculta con el relleno de la segunda plataforma.

  2. Hasta ahora, la presencia de cerámica del periodo Formativo Temprano en Punkurí ha sido sugerida en base a noticias publicadas en los periódicos del momento (Anónimo 1933a en Daggett 1987; Daggett 1987: 116; Proulx 1973: 15). Sin embargo, a la luz de las notas de campo y referencias actuales al respecto podemos concluir que en los rellenos que constituían la matriz del contexto funerario no había fragmentos de este periodo.

  3. En base a las notas de campo y las fotos revisadas propongo la siguiente secuencia de inhumanción del entierro-ofrenda de Punkurí:

    1. Sobre el piso de la primera plataforma y en medio de la entrada cuyas paredes laterales ostentaban los frisos pintados con un personaje zoomorfo en posición horizontal, identificado como un ave (Daggett 1987:117, Figura 4b) o "feroces animales míticos" (Bischof 1994:173), se identificó el cuerpo de una mujer20 en posición flexionada y con la cabeza hacia el este. El rostro miraba hacia arriba y mostraba una ligera inclinación hacia delante. Aparentemente, el cuerpo estaba ataviado con un traje violáceo.21 A los costados y alrededor de los hombros se le colocaron caracoles de lomas22 (Scutalus proteus) y muchas cuentas de turquesas y otras piedras, principalmente alrededor de la cintura. Alrededor de esta sección, pero sin poder determinar exactamente su localización, se encontraron dos valvas de Spondylus princeps con orificios. Luego, posiblemente se hizo algún tipo de quema.

    2. Sobre este primer momento del entierro-ofrenda se colocó una huayllaquepa de Strombus galeatus con la boca o estoma hacia abajo. La mano izquierda incisa quedó visible sobre la cara dorsal del gasterópodo marino. La pieza habría estado entera al momento de su deposición y se fracturó por el peso de los rellenos. Sin embargo, en la parte ventral y adyacente al estoma (columela) presentaba un hueco redondeado en la parte media que, difícilmente, se debería a una fractura por rellenos o manipulación al momento de retirar el espécimen del entierro. Esto sugiere que la huayllaquepa haya sido ritualmente "sacrificada", rompiendo esta parte de manera intencional, antes de ser colocada. Asimismo, en las anchas incisiones que forman el diseño de la mano se encuentran restos de pigmento rojo, que Larco también observa en los huesos del individuo (Falcón et al. 2005; Vega Centeno 1999:6).

    3. Se enterraron ligeramente estos elementos y luego se depositó el mortero lítico mostrando su diseño principal hacia arriba. Alrededor de su base se colocó el largo majadero o "mano" también decorado con trazos incisos.23

    4. Finalmente, conforme se elevaba el nivel del relleno, se construyó un muro de contención y se hizo una quema, a cuyos costados se depositaron cuyes. Asimismo, se esparcieron plumas entre el relleno.24

    5. Cuando el relleno cubrió las paredes de los frisos de barro unos 30 cm, se preparó la superficie sobre la cual se dispondría el piso de la nueva plataforma (Figura 5).


Figura 5. Esquema de la secuencia de deposición del entierro-ofrenda de Punkurí. (Composición: Victor Falcón Huayta).

Finalmente, hay que considerar un inventario que Mejía prepara dando cuenta de las "especies encontradas junto con el cadáver Chavín" de Punkurí. Entre anotaciones mencionamos las siguientes:

  1. Los caracoles Scutalus proteus estaban perforados y entre éstos se encontraron "cinco cuentas triangulares de dientes aserrados, idénticos a otros cinco que figuran en P12",25 que se consignan como provenientes del relleno de las habitaciones del Edificio I.26 Estas últimas son de 3 cm de largo por 2 cm de ancho en la base y presentaban dos perforaciones, presumiblemente para ser ensartadas.

  2. Las formas de las turquesas laminadas fueron cuadradas, circulares y rectangulares.

  3. Cuentas cúbicas de "Spondylus pictorum o de Strombus galeatus".

  4. Cuentas planas y largas de Spondylus pictorum cuya longitud variaba entre 2 y 4.8 cm, entre ellas dos de forma triangular y una de forma de "pie humano con dedos incindidos", etc. (Mejía en Tello 2005:115).

Elementos asociados en el entierro-ofrenda

Uno de los problemas que afecta a los museos estatales en el Perú es el ordenamiento e informatización de sus colecciones. Asimismo, es común enfatizar la investigación que deben llevar a cabo como uno de los pilares indispensables de su actividad, aunque esto no se cumpla con él énfasis y los recursos que se destinan en museos modernos. Ambos temas están indisolublemente ligados, pues no es posible profundizar en el conocimiento de una colección, serie u objeto parte de los fondos museográficos si previamente no se tiene un control mínimo que comprenda el inventario informatizado y los datos del ingreso de las piezas.

Ahora comentaremos sobre los elementos más importantes del entierro-ofrenda y haremos algunas preguntas sobre su paradero. 27

Los Restos Humanos. Los frágiles restos óseos del entierro-ofrenda de Punkurí (cráneo, huesos largos y "otros pedazos") fueron recuperados y enviados a Lima desde el campamento de Cerro Blanco. El depósito de Restos Humanos del MNAAHP sólo conserva cuatro cráneos procedentes de este lugar, los cuales por sus características -y anotaciones a lápiz sobre ellos- corresponden a los encontrados en los desmontes sobre el sitio. No se han ubicado los restos óseos del entierro-ofrenda de Punkurí.

La Huayllaquepa de Strombus galeatus. Como se dijo, este objeto salió fragmentado del entierro-ofrenda. Sin embargo, gracias a la única foto del contexto publicada por Rafael Larco Hoyle, que fue testigo de excepción en ese entonces, la pudimos relacionar con el espécimen del depósito de Material Orgánico del MNAAHP, pues la foto muestra un objeto ovoide de color blanquecino y roto encima de los restos de un entierro ubicado a dos metros debajo del felino de barro (Larco, 2001 [1938], figura 24). Posteriores indagaciones aportaron mayores evidencias para relacionar la foto a la huayllaquepa. Una foto del Archivo Tello del MNAAHP (Negativo N° 101) y aquellas existentes en el archivo del MAA-UNMSM, ahora publicadas, confirmaron esto definitivamente, pues en ellas se observan la huayllaquepa, su rotura y los dedos meñique y anular de la mano izquierda grabada.

Este objeto fue restaurado en el MNAAHP. Nuestro equipo identificó su contexto arqueológico, restauró su apariencia original y diseño inciso, recobró su registro sonoro y lo puso en condiciones de exhibición (Falcón et al. 2005) (Figuras 6 y 7).


Figura 6. La huayllaquepa de Punkurí durante su restauración (Foto: Victor Falcón Huayta ).

 

Figura 7. La huayllaquepa de Punkurí después de su restauración (Foto: Victor Falcón Huayta).

Los Objetos Líticos. La identidad y cantidad de objetos líticos están ahora esclarecidas con la publicación y el examen de las notas de campo de Tello. Sin embargo, antes de esto se suscitó una pequeña confusión surgida durante los días de las excavaciones en Punkurí. En una edición de La Crónica, uno de los diarios que daban noticias sobre los eventos, fechado el 5 de octubre de 1933, hay una fotografía en la que aparecen "Dos de los vasos traídos de Nepeña por el doctor Tello. Pueden verse débilmente algunas de las simbolografías que serán estudiadas por el arqueólogo".28 Uno de estos "vasos", aquél que ostenta una gruesa banda debajo del labio y tres agudas proyecciones hacia la base a manera de grandes colmillos, es el que apareció asociado al entierro-ofrenda (Negativos N° 94 y 106 del archivo Tello del MNAAHP). Esto es corroborado por Mejía en su listado de objetos encontrados en asociación con el entierro-ofrenda. La otra pieza corresponde al "Vaso Chavín de piedra" comprado por Tello a un tal Silva, cuando se encontraba en el Hotel Central de propiedad del chimbotano Víctor L. Pérez (folio 122 del Archivo Tello del MAA-UNMSM; Daggett 1987:113,114). Por sus características iconográficas corresponde al mortero que se conocería luego como procedente de Suchimán (valle del río Santa). Posteriormente, cuando Tello vuelve a tocar el tema del contexto funerario y su descripción, con respecto a los líticos dice: "a mortar and pestle, both of diorite, polished and engraved with figures in the classic Chavín style" (Tello 1943:137, Figura 17, a), e ilustra ambos morteros con sus respectivas denominaciones (Ibíd.: 17, b). En 1948 Rebeca Carrión Cachot publica los dibujos de los dos morteros como procedentes de Nepeña (Carrión Cachot 1948:125, Lámina XI, figuras 7, 8), curiosamente los diseños se encuentran en la misma posición en que aparecen en las fotos de La Crónica.

Hace poco más de una década se publicó una vista del mortero de Suchimán (Kaulicke 1994:392, Figura 368), muy similar a uno de los dibujados por Carrión Cachot (Ibíd.: Lámina XI, figura 8), pero diferente al ilustrado por Tello como procedente de este sitio (Tello 1943, Figura 17b), posiblemente porque se mostraba el lado opuesto de la pieza. Por su parte, Henning Bischof publicó los dibujos de tres morteros (Bischof 1994: figura 12): a) la de Punkurí, b) la de Suchimán en versión ofrecida por Tello (1943); y c) uno "sin procedencia" dibujado por Bischof del archivo del MNAAHP. El último es el mismo que ilustra Kaulicke (1994) como procedente de Suchimán. Bischof sugiere que b y c son el mismo objeto, el mortero de Suchimán (Bischof 1994: figura 12 a-c; 1995:170, figura 7), lo cual es correcto. Por último, un trabajo posterior propone un desarrollo iconográfico del mortero de Suchimán, en donde se une los diseños de las dos vistas presentadas por separado (Vega Centeno 1998:195,196. Figura 5c); sin embargo, carece de algunos motivos importantes que ahora están disponibles (Tello 2005:107, /P9/F7/249).

Con respecto al "pestle" o majadero con diseños incisos no teníamos ningún indicio, salvo aquél que diera Antúnez de Mayolo de que estaba "adornado con un par de dibujos en lazos" (Antúnez 1933 en Daggett 1987:160). Ahora tenemos la foto que muestra la iconografía con algún detalle, por lo que podemos agregar que los "lazos" parecen ser en realidad tres bandas que corren adosadas, contorneándose en espiral a lo largo de la pieza. (Figura 8). 29


Figura 8. Mortero de Punkurí (izquierda), mano de moler o "majadero" (centro) y mortero de Suchimán (derecha) (Tello, 2005. CD adjunto, file: "Anexo fotográfico", F2_Punkurí, Foto 52-119).

Con respecto al mortero de Punkurí podemos señalar su sobriedad decorativa en base a tres motivos iconográficos: a) un motivo escalonado, que se repite enfrentado y con bases sobre el borde del recipiente; el escalonado se enfatiza por medio de línea que define una banda; b) las tres proyecciones largas y aguzadas que se desprenden de las figuras antes mencionadas y terminan en la base del recipiente; y c) un motivo rectangular dispuesto horizontalmente dentro de una gruesa banda debajo del labio, de modo que se reitera a lo largo de todo el contorno. Los lados más largos del motivo registran ligeros quiebres en dos puntos. Dentro de este motivo se inscriben dos líneas igualmente con ligeros quiebres.

El motivo escalonado es muy similar a las cabezas superiores de los "bastones de mando" o cetros que portan los "sacerdotes-guerreros" de Cerro Sechín (Bischof 1995:165, Figura 4e). Diferenciándose únicamente por el espacio triangular que delimita un trazo diagonal que parte del vértice superior izquierdo de la figura hacia la base del escalonado. En este espacio se inscriben tres cuadrángulos. Las tres proyecciones aguzadas son comparables a las que emergen de un motivo similar al denominado "Ojo Subrectangular Excéntrico" (Ibíd., Figura 4b) de la iconografía del Mortero de Suchimán (Tello 2005:107. P9/F7/249) proveniente del valle del Santa. La única diferencia en este caso es que el motivo está enfatizado por una banda. Por último, el rectángulo con líneas inscritas ligeramente quebradas es similar al motivo que se encuentra grabado en un bloque lítico proveniente de Sechín Alto (Samaniego 1995: 39,40. Figura 13), actualmente en exhibición en el Museo Max Uhle de Casma. Así pues, los tres motivos que decoran el mortero de Punkurí son recurrentes en la iconografía lítica de este periodo en el valle de Casma y Santa, y, en el caso del escalonado, directamente asociado a un objeto que denota poder.

Los demás objetos asociados. Se ha señalado el potencial de los análisis y examen de los moluscos en contextos arqueológicos precolombinos (Sandweiss y Rodríguez 1991:55,56; Rivadeneira y Piccone-Saponara 1998:31), de manera que, aunque tampoco los hemos encontrado, conviene hacer algunos comentarios sobre las dos valvas de Spondylus princeps que integran la lista de objetos suntuarios y exóticos asociadas al entierro-ofrenda. Hay que notar que fueron piezas enteras y trabajadas, siendo parte de los primeros testimonios de este tipo en estas condiciones, poco antes de la presencia de la cerámica en los Andes Centrales (ca. 1,600 a.C.). Como sabemos, posteriormente se tornan más frecuentes y fueron representados en la cerámica y la litoescultura de Cupisnique y Chavín, durante el primer milenio a.C.

A pesar de su número (sesenta individuos), hasta ahora se ha dado poca atención a los gasterópodos terrestres Scutalus proteus asociados a la tumba de Punkurí. Son caracoles de lomas que alcanzan una talla de 3.5 a 5 cm. Pueden considerarse como parte del tipo de ofrendas alimenticias y se representaban aún en la cerámica Moche (Donnan 1978, Figura 102). Finalmente, los huesos de cuyes y aves serían otros componentes de la dieta asociada a este importante contexto.

El Entierro-Ofrenda y su relación con el templo de Punkurí: la cronología

Varios autores han tratado el tema de las fases constructivas de Punkurí y su relación con las tradiciones tempranas en los Andes Centrales. Concuerdan en que hubo por lo menos tres fases constructivas en su edificación (Bischof 1994: ver figura 2; Daggett 1987; Samaniego 2006; Vega Centeno 1998, 1999). El contexto del entierro-ofrenda se ubica en el relleno de la "Plataforma 2" (Figura 9) y fue depositado como parte de éste. Este se asigna a la segunda edificación en Punkurí o "fase A-2" (Vega Centeno 1999:7-11). El famoso felino de barro se ubicaría en la "fase B-1" (Ibíd.:13). Vega Centeno ubica a Punkurí en el Formativo Temprano (ca. 1,800 a.C.- 1,200 a.C.).


Figura 9. . Escaleras que conducen a la parte superior de la Plataforma 2 de Punkurí. Nótese el mal estado de la escalera y los escombros que cubren la plataforma 3. En la foto Arturo Jiménez Borja en una visita al lugar en 1971 (Fotografía cortesía de Lorenzo Samaniego Román, Coordinador General del Centro de Conservación del Patrimonio Cultural, Universidad Nacional del Santa).

Sin embargo, en base a comparaciones estilísticas deducimos un rango cronológico diferente para Punkurí. Aquí presento los argumentos para sustentarlo. Una primera segregación diferente y coherente señaló que una losa lítica en plano relieve y grabada de un felino "agazapado" tenía rasgos demasiado naturalistas como para relacionarlo al conjunto de Chavín de Huántar que, de acuerdo con Tello, era su lugar de procedencia (Kan 1972:73, figura 7; Tello 1960:228).30 Asimismo, cuestionó la filiación Chavín del felino pintado en el edificio de barro de Cerro Sechín y, finalmente, el felino escultórico de Punkurí, distinguiéndolos del estilo Chavín aunque la filiación del monumento -en ese entonces- así parecía indicarlo (Kan 1972: 74,76. Figuras 8, 11).

Posteriormente, un estudio de los estilos tempranos y previos a Chavín reunió a estos tres iconos nuevamente bajo un planteamiento más integral y agregó una representación adicional coherente con el conjunto, el petroglifo de un felino con un ave inscrita, ubicado en el valle de Jequetepeque (Bischof 1994:180, figura 14d; 1995:171, figura 8; Pimentel 1986: 23, figura 59). Finalmente, este grupo de felinos tempranos ha incrementado su número, proponiéndose como una de las primeras representaciones felínicas asociadas a arquitectura monumental (Falcón y Suárez 2009).

En esta línea, la siguiente secuencia ha sido propuesta por Henning Bischof para una serie de representaciones importantes para el caso de Punkurí y consideradas "pre-Chavín A": (a) Los murales de barro de Punkurí (Estilo Punkurí); (b) El felino en bulto de Punkurí y los felinos pintados de Cerro Sechín; (c) La iconografía grabada en las lápidas de Cerro Sechín (Estilo Sechín). Sin embargo, se debe notar que esta secuencia es más apropiada para una clasificación que para propósitos cronológicos.

Se ha propuesto que el edifico de barro, decorado con dos felinos pintados en el interior de Cerro Sechín, remonta su construcción a los siglos XXIV-XXII a.C. y que el edificio lítico -también Precerámico- ya estuvo vigente entre los siglos XIX-XVIII, y permaneció en uso hasta los siglos XVI-XIV a.C. (Bischof 2000: 48; Fuchs 1997: 159). Si ensayamos la correlación entre el felino pintado de Cerro Sechín y el felino escultórico en bulto de Punkurí, estilísticamente emparentados, se puede proponer la ubicación cronológica de este último en ca. 2,100-1,800 a.C. aproximadamente. En consecuencia, si sabemos que los rellenos que contienen el entierro-ofrenda corresponden a una fase arquitectónica inmediatamente anterior a la del felino escultórico, podemos considerar este mismo marco temporal para su ubicación cronológica. Estas correlaciones concuerdan con las observaciones de Samaniego que indicó que las tres fases constructivas de Punkurí carecían de cerámica (Samaniego 2006: 38).

En un nivel intra-sitio, se ha señalado la afinidad estilística entre los grabados del mortero lítico y las representaciones de los murales (Bischof 1994:173), denominados frisos I y II del edificio más temprano de Punkurí y designado como la "fase A1" (Vega Centeno 1999:15. Figura 10). Sin embargo, los rasgos de estilo de la mano representada sobre la huayllaquepa de S. galeatus se vincularían más al estilo "naturalista" del felino en bulto ("fase B1" de Vega Centeno), de modo que la iconografía de los objetos del contexto del entierro-ofrenda se constituiría en un conjunto que asocia motivos geométrico-esquematizados y naturalistas estilizados de la "fase A2", de un edificio que de cualquier modo registra modificaciones arquitectónicas articuladas, coherentes y continuas.31

En cuanto al motivo "mano" representada de manera independiente, una litoescultura encontrada en Jaiva (valle de Supe) muestra las palmas de dos manos muy estilizadas, en las cuales se logra distinguir el orden de los dedos por sus proporciones y su ubicación a los costados del rostro circular antropomorfo. Recordamos que la mano de la huayllaquepa de Punkurí muestra la cara dorsal, sin embargo, la litoescultura de Jaiva sería una de las primeras piezas líticas grabadas en plano relieve en los Andes Centrales (Falcón, 2006) y, en este sentido, sería un estilo de representación anterior al repertorio iconográfico de Punkurí. Sin embargo, esta sugerencia aún necesita ser afinada. Otro caso afín a este motivo se encuentra sobre un bloque lítico asociado a la "Huaca A" de Pampa de las Llamas-Moxeque (Burger 1989; Pozorski & Pozorski 1988). Esta mano es más naturalista que la grabada en la huayllaquepa de Punkurí, al punto de parecer la "impresión" de una mano derecha sobre la piedra, vale decir, nos muestra la palma. Según sus descubridores es la "la piedra tallada datada con mayor seguridad y más temprana conocida en el Perú", y le asignan un fechado sin corregir de 1565 ± 70 a.C. (3515 ± 70 B.P. Uga-5462) (Ibíd.:118). Este fechado y la iconografía de los felinos que flanqueaban la puerta de ingreso del complejo arquitectónico asociado (Ibíd.:388,389, figura 5) asignado a "Chavín A" la ubicarían en un momento posterior a Punkurí.

Para concluir, quiero señalar que hasta hace poco la presencia de huayllaquepas de S. Galeatus como parte de la parafernalia cultista hacia el final Arcaico Tardío no había sido documentada. Ahora contamos con la huayllaquepa de Punkurí y la posible representación de otra huayllaquepa de S. galeatus que sostiene uno de los personajes sentados de un mortero procedente de Lambayeque asignado al mismo periodo (Bischof 1995:169,170, Figura 6d). En este objeto, se define como una espiral que hace un agujero oblongo-vertical y termina trazando un borde recto y aserrado de puntas romas, que representaría las características costillas que se forman naturalmente en la cara dorsal de S. galeatus que, aunque generalmente alisados para grabar diseños incisos, dejan claros remanentes en el borde del labio del molusco. En consecuencia, ahora sabemos que este instrumento sonoro y ritual, copiosamente presente en las galerías de Chavín de Huántar, remontaría sus antecedentes a esta época.

Egradecimientos: Agradezco sinceramente a Henning Bischof por su atención a nuestras numerosas consultas sobre el Arcaico Tardío en los Andes Centrales. Asimismo, a Richard Daggett y Rafael Vega-Centeno por sus comentarios. Finalmente, reconozco el notable esfuerzo de Lorenzo Samaniego Román por la recuperación de Punkurí hasta convertirlo en un centro cultural y una muestra, para los peruanos y para el mundo, de una etapa germinal en el desarrollo de la religión andina precolombina. En cierto modo, este artículo quiere ser un homenaje a su tenaz labor.

Artículo originalmente publicado en inglés: "Reconstruction of the burial offering at Punkurí in the Nepeña valley of Peru's north-central coast". En: Andean Past, N° 9 (2009): 109-129. Latin American Studies Program. Cornell University. Ithaca.
© Copyright: Cornell University Latin American Studies Program, i.e.(c)

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Notas

  1. "the first trace of the people of the Chavín culture identified in the area" (Frase traducida en la edición original de Andean Past 9. En lo sucesivo se seguirá esta pauta para mantener el orden y número de las notas. Editor de la versión en español).

  2. Todos los demás objetos asociados del entierro-ofrenda se encuentran sin paradero conocido, aunque el hallazgo fue publicitado en diversos periódicos de la época y una extensa documentación de campo ahora es disponible. Estos objetos, entre los que se encuentran un mortero lítico y su respectiva mano de moler, ambos bellamente decorados, pertenecen al patrimonio cultural del Perú, y su valor es emblemático porque corresponden a un contexto excavado por uno de los fundadores de la arqueología peruana; pertenecen a una época en que se iniciaba la creación de los primeros repertorios iconográficos asociados a arquitectura monumental; y, finalmente, porque provienen de un contexto arqueológico conocido, lo cual los hace uno de los dos casos -al presente- conocidos. El otro mortero de piedra decorado de las postrimerías del periodo Arcaico Tardío fue recientemente recuperado del sitio del valle del Santa llamado San Juanito (Chapdelaine y Pimentel 2008:248-253).

  3. http//www.uns.edu.pe/punkuri/punkuri6.html; consultado el 20 de julio de 2008.

  4. Trabajé directamente con los registros en el Archivo Tello de la UNMSM. Sin embargo, debido a que estos documentos han sido publicados, aquí me referiré a la paginación del libro publicado, no a la foliación de los documentos mismos.

  5. "which consisted of a layer apparently formed by lime and sand, or perhaps by a special whitened clay and sand, which formed a cap some 4 cm thick, located over another surface painted brick-red".

  6. "at least 2 m deeper in order to understand the structure of the huaca".

  7. "which had been discovered about 30cm below, and a little in front of, the last step of the Painted Staircase".

  8. "Not being yet sure of the type of object I had found, I covered it with earth and I remained at the site and ordered the laborersto continue working at my side…"

  9. "large stone vessel with engravings in the Chavín style and a tool similar to a mace, also completely made of stone"

  10. "during the excavation of the two stone objects towards the rear center of the sounding a mound of ash and small carbon fragments was found, as well as guinea pig skeletons at two sides, and a type of white plumage at various points."

  11. "layers of semi-spherical adobes slightly flattened, and hardened clay with a few stones"

  12. "at about 1.2m from the line which the upper part of the sounding forms with the base of the first step of the Painted Staircase, as one sees in the attached schematic drawing, a precious gray stone mortar with decoration in relief on its external surface was found, as well as a large pestle also made of Stone".

  13. "very fine purplish dust and a few pieces of charcoal. Soon I [Tello] discovered the skull and from its position I deduced that the body was placed with the face up and a little forward."

  14. "many turquoise beads and a bluish stone. . . The beads were of different sizes, and of various shapes; the work is relatively crude in the majority of the beads, nevertheless, a few are very well made, especially a large sphere".

  15. "I also found ceramic fragments which belong to the finest types and pieces encountered".

  16. "It appears that the cadaver corresponded to an individual of poor constitution who was probably put to rest with the muscles and legs flexed. Around the body, especially around the waist, I encountered a multitude of turquoise beads, and a few purple cylindrical beads, some triangular plates with closed [sic] edges, or sharp objects which look like shark teeth. In addition a good set of shell beads was found, and a magnificent example of Strombus with the external surface also worked in Chavín style".

  17. Milano Trejo Huayta encontró los restos de la huayllaquepa de Punkurí en dos bolsas separadas en el depósito de Material Orgánico del MNAAHP en 1999. Posteriormente, al ver la similitud de los fragmentos y su correspondencia procedió a pegar las partes reconstruyendo la trompeta de concha y revelando de este modo el diseño de una mano incisa. La reciente restauración final estuvo a cargo de Rosa Martínez Navarro conservadora del MNAAHP (Falcón et al. 2005).

  18. "at the sides and shoulder of the body: a good quantity of beads made of turquoise and of shells, two examples of Spondylus pictorum with two pairs of perforations made in order to wear them as pendants. The presence of very fine, pulverized, somewhat purplish earth is noted around and below the body, as if it consists of the remains of clothing, or other objects that perhaps accompanied the cadaver (Mejía in Tello 2005:97)."

  19. "Having made a test pit in front of the small platform on which the talons of the idol rested, and only at a depth of 2m, a body was encountered. . . It was placed I nan east-west direction. Next to it were found two stone objects, a large vessel and a type of pestle, both ornamented with figures in relief, in Chavín style. . . Around the body, and mainly at the level of the pelvis, about a kilo of turquoise beads was found, of different forms and sizes, from the small, discoidal bead, almost flat, to the large bead, spherical or cylindrical, and weighing eight to ten grams. Also found was a conch shell (Strombus galeatus) trumpet, whose surface appears ornamented with hidden [sic] figures, also in Chavín style; sixty examples of land snails (Scutalus proteus); a pair of mollusc shells (Spondylus pictorum); and skeletal remains of guinea pigs and birds, very fragmentary and partially pulverized."

  20. El sexo del individuo se mencionó en la nota de un periodista anónimo que, seguramente fue informado por Tello, dada a conocer el 28 de septiembre de 1933 (Anónimo 1937a en Daggett 1987; Tello 1943: 137).

  21. Tello y Mejía sugieren esto constantemente. Hay que considerar la posibilidad de que se trate de un pigmento o tierra de color, pues entre el relleno se encontró fragmentos de murales de este color.

  22. En la geografía y arqueología peruana, lomas es un término que se refiere a las laderas al pie de los Andes ubicadas hacia el oeste y los parches estacionales de vegetación sobre ellas que se presentan por la humedad de la neblina.

  23. En un recuento de los sucesos, Mejía da la profundidad de 1.6 m. desde la superficie de la plataforma (Tello 2005:114).

  24. No consideramos los hallazgos de cobre que menciona Tello, pues estaban en contextos aparentemente removidos. Asimismo, señalamos que en un dibujo a lápiz se indica la presencia de una "piedra de apoyo" debajo del mortero (Tello 2005:92, dibujo sobre folio 518v (104) del archivo) consignada con la letra "d" y que se muestra en un esquema del "fondo de la excavación" del entierro-ofrenda. Por otro lado, en una declaración periodística de Tello sobre el contenido del contexto funerario indica la presencia de huesos de ave (Tello, 1933), que son consignados en una lista de "objetos encontrados en el relleno de las habitaciones del Edificio I" por Mejía (Tello 2005:115) junto con una cuenta pulida de turquesa, por lo que es razonable pensar que pertenecen al contexto del entierro-ofrenda en la medida que, aparentemente, se iban realizando deposiciones de objetos conforme se rellenaba la plataforma. Uno de estos extraños objetos fueron los inusuales adobes cónicos con caras o rostros incisos, sobre los cuales Santiago Antúnez de Mayolo llama la atención e intenta una explicación (Antúnez de Mayolo 1933 en Daggett 1987: 161). Asimismo, en alguna declaración periodística Tello aduce haber encontrado "en los rellenos más inferiores de Punkurí algunas cuentas de cristal de roca, talladas y pulidas de una manera especial..." (Tello 1933 en Daggett 1987:147), todo lo cual induce a considerar que el proceso de relleno para elevar las plataformas de estas estructuras era todo un acontecimiento ritual.

  25. "five triangular beads of serrated teeth, identical to five others which figure in P12".

  26. El término "Edificio I" fue usado por Tello en sus notas de campo para designer la fase constructive más temprana en Punkurí.

  27. De acuerdo a las cartas publicadas, ahora sabemos que los acontecimientos políticos en el Perú de inicios de la década del treinta influenciaron en el cambio de autoridades en las instituciones que se vincularon a la campaña en Nepeña que hicieron resurgir rivalidades intelectuales que obstaculizaron el trabajo de Tello y contribuyeron a crear un ambiente turbio (Tello 2005:165-179). Al respecto Toribio Mejía Xesspe declara: "por abandono absoluto de parte del Gobierno y de las instituciones encargadas de la conservación y estudio de las ruinas arqueológicas, en la fecha, se realiza la tarea de enterramiento de las partes descubiertas del Templo de Punkurí por orden expresa del Profesor Tello..." (Samaniego 2006: 99).

  28. "two of the vessels brought from Nepeña by Dr. Tello. Some of the symbols which will be studied by the archaeologist can be seen faintly."

  29. Durante nuestra investigación acudimos al depósito de Líticos del MNAAHP en busca de estas piezas sin ningún resultado. Estos objetos, al igual que el "kilo" de turquesas, no se encuentran allí. Agradecemos a Julissa Ugarte Garay por su amable atención. Solicitamos la misma búsqueda en la colección de líticos del MAA-UNMSM y el resultado fue igualmente negativo. Ante la inexistencia formal de los objetos líticos del contexto del entierro-ofrenda en las instituciones en que deberían estar, presentamos la denuncia respectiva de su ausencia ante el Instituto Nacional de Cultura en el segundo semestre del año 2006. Los cual hicimos extensivo a los otros componentes de este contexto y al Mortero de Suchimán.

  30. Sin embargo, hay que hacer notar que Tello también relacionó esta losa grabada directamente con la cabeza del felino de Punkurí (Tello 1960:229).

  31. Por otro lado, se ha propuesto que "convenciones geométricas o esquematizadas están presentes tanto en el Precerámico como en el Formativo Temprano" y que habrían recursos figurativos desarrollados en pautas de representación del estilo Punkurí (Vega Centeno 1998:187). Estamos más de acuerdo con esta posición, pero pensamos que esto se da poco antes del periodo Inicial o Formativo.

Textos: Victor Falcón Huayta

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